Computación cuántica en Colombia: separar agenda, capacidad y adopción

Una agenda pública de computación cuántica no equivale a capacidad productiva; conviene distinguir investigación, talento, hardware y casos aplicables.

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Computación cuántica en Colombia: separar agenda, capacidad y adopción

🗺️ La agenda no es la carretera

Una hoja de ruta no equivale a capacidad cuántica productiva

La computación cuántica lleva meses posicionada en el discurso público colombiano como si ya fuera una tecnología operativa, con hardware funcional listo para integrarse en procesos productivos reales. Los comunicados hablan de liderazgo y abanderamiento con la misma naturalidad con que uno hablaría de una infraestructura disponible hoy. A ese salto entre el anuncio y la realidad técnica le falta sustento.

Poner la computación cuántica en la agenda nacional es una decisión legítima; confundirlo con tenerla como infraestructura desplegada genera expectativas que el campo todavía no puede satisfacer.

Para entender dónde está realmente este campo hay que revisar el hardware. Un qubit es la unidad básica de procesamiento en un computador cuántico, análogo al bit clásico pero capaz de representar simultáneamente múltiples estados a través de la superposición, propiedad que permite resolver ciertos problemas computacionalmente intensos de formas que el cómputo clásico no puede emular con igual eficiencia. Los qubits son, sin embargo, extremadamente sensibles a cualquier perturbación del entorno; el calor, la vibración y la interferencia electromagnética los desestabilizan en microsegundos, lo que convierte el aislamiento criogénico y el control de ruido en requisitos de ingeniería que todavía limitan la escala de estos sistemas.

IBM, el fabricante que opera hoy la mayor flota de computadores cuánticos accesibles por internet, disponía en 2025 de procesadores Eagle a 127 qubits, Heron r1 a 133 qubits y Heron r2 y r3 a 156 qubits cada uno, con 28 sistemas de más de 100 qubits activos desde 2022 y más de 3,6 billones de circuitos ejecutados en total. Ese avance es extraordinario para una tecnología que en 2016 era apenas un procesador de cinco qubits disponible en la nube.

La hoja de ruta de IBM fija la ventaja cuántica, que es el punto donde un procesador cuántico supera de forma consistente a los mejores algoritmos clásicos en un problema de valor práctico real, como meta para antes de finales de 2026. El primer computador cuántico tolerante a fallas a gran escala tiene fecha proyectada en 2029. Tolerante a fallas significa capaz de detectar y corregir automáticamente los errores inevitables en qubits reales sin detener la ejecución, y esa capacidad es el requisito técnico que separa un prototipo útil en nichos de una infraestructura de propósito general. La agenda está trazada con claridad; la carretera tiene tramos en construcción.

En junio de 2024, la Asamblea General de la ONU proclamó 2025 como el Año Internacional de la Ciencia y Tecnología Cuánticas, reconociendo el centenario del desarrollo inicial de la mecánica cuántica. El propósito declarado de esa iniciativa fue aumentar la conciencia pública sobre la importancia del campo y sus aplicaciones, no certificar adopción masiva. Durante ese año los países participantes pasaron de preguntarse si sumarse a la agenda cuántica a preguntarse cómo construir programas coordinados, creíbles y con impacto real; IBM contribuyó a ese esfuerzo en el Foro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la ONU para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, compartiendo rutas prácticas para el desarrollo de talento y la construcción de ecosistema.

Piensa en dos directores de tecnología que asesoran sus juntas en empresas medianas en Bogotá. El primero escuchó el discurso político e incluyó en su presentación la integración de computación cuántica en la plataforma de optimización logística para el siguiente año fiscal. La junta aprobó porque sonaba estratégico y alineado con la agenda nacional.

El segundo llevó una pregunta diferente antes de producir cualquier propuesta. ¿En cuál problema concreto de nuestra operación esperarías que un algoritmo cuántico supere al solver clásico que ya usamos? ¿Con qué nivel de corrección de errores cuánticos debería operar el sistema para que el resultado sea confiable? La corrección de errores cuánticos es la técnica que detecta y compensa los fallos inevitables en qubits reales, y es exactamente el requisito que IBM identifica como el umbral pendiente antes de que la computación cuántica sea útil a escala general.

La primera propuesta no tiene hoy el hardware que la soporte. La segunda construye la capacidad para evaluar con precisión cuándo ese hardware sí estará disponible y qué necesita el equipo para aprovecharlo cuando llegue. La agenda no es la carretera, y esa diferencia determina si el dinero invertido en exploración cuántica produce aprendizaje estratégico o un proyecto que no puede ejecutarse.

Colombia tiene señales reales de política pública en tecnologías cuánticas, con convocatorias en metrología, sensores, energía y líneas exploratorias en desminado. Construir infraestructura de conocimiento humano hoy es la decisión estratégica correcta; esa base estará lista para operar cuando el hardware madure. El Qiskit Global Summer School de IBM en 2025 reunió más de ocho mil inscritos de 115 países, incluidos participantes latinoamericanos con acceso a computadores cuánticos reales por la nube, y el Qiskit Fall Fest del mismo año movilizó más de 32 mil participantes de 49 países con crecimiento del triple respecto al año anterior.

Lo que no es carretera es declarar que ya se llegó. Cuando el discurso político salta de construir capacidades a afirmar implícitamente que Colombia ya lidera una tecnología cuya fase madura IBM proyecta para 2029, el problema no es la ambición sino la imprecisión. Los equipos que toman decisiones presupuestales basados en esa imprecisión terminan con planes que el mercado no puede ejecutar.

Cuando el e-commerce llegó a Colombia a finales de los noventa, varias empresas diseñaron estrategias completas para vender en línea cuando la cobertura de internet residencial era mínima y los sistemas de pago digital prácticamente no existían. El GPS señalaba el destino de la economía digital; la vía que conectaba con él estaba sin pavimentar. Las empresas que sobrevivieron no fueron las que creyeron al anuncio tal como llegó; fueron las que entendieron exactamente cuánto faltaba por recorrer y qué había que edificar mientras tanto.

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